Hola^^
Bueno, aquí yo de nueva, vengo a colocar un fic, que no sé si ya han leido en otros foros, pero viendo que a muchos le gusta me he decidido compartirlos con ustedes.
Aclaraciones:
- Blablabla - conversación.
-
"Blablabla" - pensamientos.
-
Blablabla - Flash back.
Conceptos básicos:
Shibuya: Es un barrio de Tokio (Japón)... Allí se pueden encontrar muy fácilmente Burdeles.
Gaijins: Extranjeros.
Fecundación In Vitro: Es una tecnica por lo cual la fecundación de los ovocitos por los espermatozoides se realiza fuera del cuerpo de la madre.
Umeda: Es un distrito comercial de Osaka (Japón), se encuentra ubicado al norte.
Banraku: Teatro de marionetas tradicional.
Estos son conceptos.. que deben saber y así no se confunden. xD
*o0oo0o*
“Une mére portuese”
Dear mom
- "¿De donde vienes, querido hijo?" -
- "De todas partes, y he acabado aquí" -
George MacDonald
Primer capitulo:
Shibuya
Estaba sentada en el rincón más oscuro del lóbrego bar que había en el subterráneo del centro comercial. El lugar – de lo que ella alcanzaba a ver – estaba cubierto de tela escocesa, madera pulimentada y las muchachas que servían a los clientes llevaban delantales cortos con encajes y blusas escotadas.
Procedente a su alrededor se escuchaban sonoras y exaltadas voces de bienvenidas. Personas que saludaban a otras personas. Amantes que saludaban a otros amantes. Definitivamente “la hora feliz”. Sin embargo, según su criterio, era una percepción incomoda. Personalmente ella no encajaba en ese tipo de lugares, ni mucho menos, con esa clase de gente.
Para estas personas era “la hora feliz”. Un trago te autorizaba para comer todo lo que pudieras en la meza de entremeses que había allí adelante. Pero su estado de animo le impedía probar que había allí amontonado en el plato. Temblaba, y ese temblor hacia que su mano se agitará, cada vez que intentaba agarrar el tenedor.
“hace mucho frío aquí adentro, tanto como en el puto rascacielos del cabrón del metro sexual”Ella sabía muy bien, que no era solo el frío de aquella noche lo que la hacia temblar. Pretender olvidarse de todo lo ocurrido en la mañana, era simplemente, imposible.
Jamás imagino que fuese tan fácil conseguir el empleo. Primeramente, ellos era el tipo de persona que desechaban a todo aquel que no pudiera dar la talla. Y según sus criterios, necesitaban a una mujer hermosa y manipuladora. Pero, sencillamente, aquel hombre de ojos cafés y sádica sonrisa. Pretendía algo mas. Se lo había tomado con mucha calma, bromeando, jugando con esa idea. La primera ve, solo telefoneo, cruzó 14 palabras con la secretaria y esta simplemente le había citado. La segunda vez, se presentó ante el supuesto “abogado”, quien hacia las entrevistas, y por ultima instancia, el hombre con apariencia metro sexual.
Había recorrido un largo vestíbulo de mármol color crema y unas luces de neón de verde enfermizo; se había sentado en una butaca de cuero y metal. Había engatusado a la recepcionista del lugar. Era una mujer muy entusiasta, informada en todos los ámbitos, sus datos cruciales y conciso, llena de tapujos y misterio.
- ¿Sabes a que se refieren con empleo? -
- si te refieres por empleo al dinero que ganas fácilmente. Mientras ellos se dan gustos de otra índole con tu “potencialidad”, me hablaras de gatos, cuando yo opine sobre camellos. ¿Acaso no lo sabias cuando telefoneaste? -Rukia lo sabia, no con toda seguridad, pero algo le decía el verdadero propósito, para con todas las candidatas que esos hombres recolectaron. Mas sin embargo, eso no evito que se presentará. Necesitaba librarse de su hermano, y que mejor que trabajará por si sola, para así olvidar todo su pasado.
Se levantó apresurada, el celular estaba sonando y seguramente, era aquel hombre. Ignorando por completo, el estrepitoso sonido, camino con suma presteza hacia la barra de cervezas. La joven camarera, examinaba cada uno de sus movimientos, el contoneo de sus caderas, los pasos que daban sus lánguidas y torneadas piernas y las miradas ed reojo que le daba al lugar.
- ¿Se le ofrece algo? -
- ¿Dónde puedo encontrar un teléfono publico? –
Era una mujer alta y esbelta, llevaba una falda barata de color carmesí y el típico delantal de las demás camareras. Sus ojos miel y sus cabellos ligeramente envueltos en una coleta... sedoso y bruno.
- Si, junto a la puerta principal – le dijo con una sonrisa cálida.
- Gracias -
Se encaminó hacia el teléfono, cada paso firme que daba, se demostraba así misma que podía ser fuerte y superar los obstáculos que le impedían seguir avanzando. Levanto la bocina y marco. Comenzó a temblar de nuevo, cuando la voz familiar respondió.
- Diga -
- S-soy yo – su voz sonaba entrecortada – todo termino -
- ¿Qué quieres decir? -
- Eso mismo, ya tengo el empleo. Fue muy duro -
- Ya lo sabías, ¿por qué lo dices?. Anteriormente estabas decidida –
- Si, pero ahora no sé que hacer -
- ¿Hacer que? – le dijo en reproche – Querida, tú sabias muy bien que esto no sería fácil, me refiero al interrogatorio, no pretendas estar impresionada; ya te lo habían dicho, sabes que te preguntarían todas esas cosas -
- Si, si... ya no me sermonees -
- No te estoy sermoneando, solo te digo la verdad -
- bien, adiós -
- adiós -
Colgó enfurecida. Matsumoto Rangiku no era la persona mas discreta del mundo, pero al menos, en temas tan delicados como este podía depositar su confianza en ella. Miró la hora en su reloj... 12:30 p.m.
Salió del lugar lo más pronto posible, necesitaba descansar. Rememorar lo sucedido, y examina los puntos en su contra, prepararse para lo que venía. Mañana comenzaban las pruebas de salud que le habían ordenado y eso era lo que más le preocupaba. Quería estar preparada.
*o0oo0o*
Las calles de Shibuya se encontraban todas repletas de vagos y mujeres – que como en otros países – buscaban conseguir dinero de forma “fácil”. Las miró con odio, el simple hecho de que vendieran sus cuerpos de esa manera, le asqueaba.
Dinero, esa sola palabra la detestaba... ¿Cómo era posible que esas mujeres se rebajasen a tanto?. Ni en el distrito Umeda, se veían todas esa cosas, prefería mil veces el ambiente de ricachones estirados que este... ó... ninguno de los dos.
Se abrió paso entre las penumbras, con la vista nublada y sus sentidos al máximo, precavida y audaz. Tres esquinas, un taxi frenó en seco...
- ¿a dónde va señorita? -
- Eso a usted no le importa – su tono áspero y rígido saco a relucir la más sincera sonrisa del hombre, un gesto extraño ante los ojos de ella.
- Señorita, es muy tarde. Permítame llevarla a casa -
- Ya le dije que a usted no le importa, déjeme en paz -
- Señorita Kuchiki – la joven le miró – Rangiku me envió a buscarla -
- ¿Eh?... Ella siempre preocupándose – abrió la puerta del carro - ¿Quién es usted? -
- Shūhei... Shuhei Hisagi, encantado de conocerla -
Lo examinó por unos momentos, tratando de descifrar si mentía o no, más sin embargo, no encontraba nada, él era sincero. Entro en el blanquecino coche, era un taxi lujoso. Los asientos de terciopelo negro, vidrios polarizados y aroma a cerezos. Agradable en todo los sentidos.
El camino a casa, lo paso viendo por la ventana, Había muchas boutiques, luces brillantes y otras apagadas, clubes en plenos funcionamiento y mujeres deambulando con Gaijins u otros hombres de avanzada edad, que a esta hora, salían de sus casa para satisfacer sus necesidades, que ya sus esposas, no lograban hacer.
2 calles más y ya estaban enfrente de un gran edificio, con aproximadamente, 16 pisos; de color crema, grande ventanas y una amplia terraza cubierta por una maleza verdosa y árboles gigantescos con diminutas flores blancas.
Bajo del auto y se despidió del hombre. Caminó hacía la puerta y lentamente, esta se abrió. Todo estaba tenuemente alumbrado por la pálida luz de los candelabros, podía ver perfectamente el sendero hacía al ascensor. Estando ya enfrente de este, presionó el botón rojo e inmediatamente se abrió dejando ver la escultural figura de una mujer ubia, con grandes atributos y ojos azules.
- ¡Kya! – la mujer se abalanzó a la joven. La abrazó con fuerza, estrujando el menudo cuerpo entre sus brazos.
- H-hola... -
- ¡OH! Gomen ne – se alejo de la chica – llegas tarde -
- Lo sé, el distrito Shibuya últimamente ha estado muy llamativo ante mis ojos -
- Debes estar bromeando, no hay nada llamativo en Tokio, debieras hacer el viaje a Okinawa. Podrás disfrutar un poco más -
- Si así fuese, creeme que estaría ahí, pero como sabes, no estoy en condiciones de eso -
- ¿Esperaras a que todo acabe? -
- Eso es lo que planeo, viajar a Kioto un tiempo y poder alejarme de todo -
- Lastima, Mira-san estaría complacida de verte -
- Esa mujer es una arcaica – la miró un momento – vive en los tiempos de antes -
- ¡Jo!... Siempre tan frívola -
- Por favor, solo subamos -
- Esta bien –
Bufó sin reparo. Aquella mujer era muy obstinada, pretendía sermonearle a sabiendas de que fue ella misma la que había dicho que fuese a uno de esos clubes. No duraron mas de dos minutos en el ascensor, ya estaban enfrente de una hermosa puerta de mármol blanco, la abrió, era una sala pequeña con apenas un juego de comedor, una mesita de noche y un sofá color almíbar. La luz se encendió automáticamente; las paredes eran de un color rojizo con una línea blanca en el centro, el suelo cubierto por una alfombra negra británica de James Fulder, importada por las empresas Hoshima.
- Sigue como siempre -
- Claro, ¿Cómo crees que estaría? -
- nada, solo pensé que olería a Sake -
La rubia rió. Era una mujer parrandera, amante de las bebidas fuertes como el sake – su preferido – y un buen martini doble.
Tomaron asiento en el blando mueble, la joven rubia sirvió dos tragos – uno para ella y el otro para su compañera -. Esa menuda mujer enfrente de ella, había sido la única que no la juzgo, que solo la trato por como era y la acepto. Haber sido una prostituta la marco de por vida, más sin embargo, a Rukia jamás le importo. Siempre la trata como una mujer normal, nunca le reprocho, ni le pidió explicaciones. Solo fue una amiga cuando más la necesitaba y así lo ha sido desde siempre.
- Y dime... ¿Cuánto te van a pagar? -
- $30.000.000 yenes -
- ¡OH!... es mucho -
- Si, lo es -
- Y... ¿Qué es lo que desean? -
- Quieren... – dudó – que me embaracé -
- ¿Qué?¿Para quién? -
- Para un doctor – tomó el vaso entre sus delicadas manos y le dio un sorbo a su bebida. Saboreándola en sus labios y sintiendo el sabor amargo que pasaba por su garganta generando una piquiña.
Rangiku se quedo observándola por un momento, antes de volver a preguntar. – Pero.. ¿Qué ganan con eso? –
- Sacar dinero, sabes que lo único que quieren esos cabrones es eso -
- Es cierto, pero ¿El doctor lo sabe? -
- No... su esposa no puede concebir, ella así lo pidió -
- ¿Fue su esposa la que desea que te embaraces? -
- Si -
- ¿Por in Vitro? -
- Posiblemente -
- ¿Posiblemente?¿Cómo? -
- Posiblemente, por que esos hombres solo desean acabar con el medicucho, la esposa solo es un vil pretexto, el perfecto para relacionarse con él. Creo que me utilizan para buscar un punto débil en él, en realidad ni siquiera sé -
- Entonces... ¿Te obligaran acercarte a él? – miró como su amiga había dejado de beber para lanzar un suspiro cargado de cansancio y tristeza. Sus ojos ligeramente enrojecidos y sus marcadas ojeras.
- Si -
- Eso quiere decir que... -
- Tengo que interactuar con él -