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 Une mére portuese

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AutorMensaje
Kao
Aficionado Ichiruki!
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Localización: Donde no te importa.. xD
Fecha de inscripción: 08/05/2009

MensajeTema: Une mére portuese   Miér Mayo 13, 2009 1:00 am

Hola^^

Bueno, aquí yo de nueva, vengo a colocar un fic, que no sé si ya han leido en otros foros, pero viendo que a muchos le gusta me he decidido compartirlos con ustedes.

Aclaraciones:

- Blablabla - conversación.

- "Blablabla" - pensamientos.

- Blablabla - Flash back.

Conceptos básicos:

Shibuya: Es un barrio de Tokio (Japón)... Allí se pueden encontrar muy fácilmente Burdeles.

Gaijins: Extranjeros.

Fecundación In Vitro: Es una tecnica por lo cual la fecundación de los ovocitos por los espermatozoides se realiza fuera del cuerpo de la madre.

Umeda: Es un distrito comercial de Osaka (Japón), se encuentra ubicado al norte.

Banraku: Teatro de marionetas tradicional.

Estos son conceptos.. que deben saber y así no se confunden. xD

*o0oo0o*



“Une mére portuese”
Dear mom

- "¿De donde vienes, querido hijo?" -
- "De todas partes, y he acabado aquí" -

George MacDonald


Primer capitulo:
Shibuya



Estaba sentada en el rincón más oscuro del lóbrego bar que había en el subterráneo del centro comercial. El lugar – de lo que ella alcanzaba a ver – estaba cubierto de tela escocesa, madera pulimentada y las muchachas que servían a los clientes llevaban delantales cortos con encajes y blusas escotadas.


Procedente a su alrededor se escuchaban sonoras y exaltadas voces de bienvenidas. Personas que saludaban a otras personas. Amantes que saludaban a otros amantes. Definitivamente “la hora feliz”. Sin embargo, según su criterio, era una percepción incomoda. Personalmente ella no encajaba en ese tipo de lugares, ni mucho menos, con esa clase de gente.


Para estas personas era “la hora feliz”. Un trago te autorizaba para comer todo lo que pudieras en la meza de entremeses que había allí adelante. Pero su estado de animo le impedía probar que había allí amontonado en el plato. Temblaba, y ese temblor hacia que su mano se agitará, cada vez que intentaba agarrar el tenedor.


“hace mucho frío aquí adentro, tanto como en el puto rascacielos del cabrón del metro sexual”



Ella sabía muy bien, que no era solo el frío de aquella noche lo que la hacia temblar. Pretender olvidarse de todo lo ocurrido en la mañana, era simplemente, imposible.


Jamás imagino que fuese tan fácil conseguir el empleo. Primeramente, ellos era el tipo de persona que desechaban a todo aquel que no pudiera dar la talla. Y según sus criterios, necesitaban a una mujer hermosa y manipuladora. Pero, sencillamente, aquel hombre de ojos cafés y sádica sonrisa. Pretendía algo mas. Se lo había tomado con mucha calma, bromeando, jugando con esa idea. La primera ve, solo telefoneo, cruzó 14 palabras con la secretaria y esta simplemente le había citado. La segunda vez, se presentó ante el supuesto “abogado”, quien hacia las entrevistas, y por ultima instancia, el hombre con apariencia metro sexual.


Había recorrido un largo vestíbulo de mármol color crema y unas luces de neón de verde enfermizo; se había sentado en una butaca de cuero y metal. Había engatusado a la recepcionista del lugar. Era una mujer muy entusiasta, informada en todos los ámbitos, sus datos cruciales y conciso, llena de tapujos y misterio.


- ¿Sabes a que se refieren con empleo? -


- si te refieres por empleo al dinero que ganas fácilmente. Mientras ellos se dan gustos de otra índole con tu “potencialidad”, me hablaras de gatos, cuando yo opine sobre camellos. ¿Acaso no lo sabias cuando telefoneaste? -



Rukia lo sabia, no con toda seguridad, pero algo le decía el verdadero propósito, para con todas las candidatas que esos hombres recolectaron. Mas sin embargo, eso no evito que se presentará. Necesitaba librarse de su hermano, y que mejor que trabajará por si sola, para así olvidar todo su pasado.


Se levantó apresurada, el celular estaba sonando y seguramente, era aquel hombre. Ignorando por completo, el estrepitoso sonido, camino con suma presteza hacia la barra de cervezas. La joven camarera, examinaba cada uno de sus movimientos, el contoneo de sus caderas, los pasos que daban sus lánguidas y torneadas piernas y las miradas ed reojo que le daba al lugar.


- ¿Se le ofrece algo? -


- ¿Dónde puedo encontrar un teléfono publico? –


Era una mujer alta y esbelta, llevaba una falda barata de color carmesí y el típico delantal de las demás camareras. Sus ojos miel y sus cabellos ligeramente envueltos en una coleta... sedoso y bruno.


- Si, junto a la puerta principal – le dijo con una sonrisa cálida.


- Gracias -


Se encaminó hacia el teléfono, cada paso firme que daba, se demostraba así misma que podía ser fuerte y superar los obstáculos que le impedían seguir avanzando. Levanto la bocina y marco. Comenzó a temblar de nuevo, cuando la voz familiar respondió.


- Diga -


- S-soy yo – su voz sonaba entrecortada – todo termino -


- ¿Qué quieres decir? -


- Eso mismo, ya tengo el empleo. Fue muy duro -


- Ya lo sabías, ¿por qué lo dices?. Anteriormente estabas decidida –


- Si, pero ahora no sé que hacer -


- ¿Hacer que? – le dijo en reproche – Querida, tú sabias muy bien que esto no sería fácil, me refiero al interrogatorio, no pretendas estar impresionada; ya te lo habían dicho, sabes que te preguntarían todas esas cosas -


- Si, si... ya no me sermonees -


- No te estoy sermoneando, solo te digo la verdad -


- bien, adiós -


- adiós -


Colgó enfurecida. Matsumoto Rangiku no era la persona mas discreta del mundo, pero al menos, en temas tan delicados como este podía depositar su confianza en ella. Miró la hora en su reloj... 12:30 p.m.


Salió del lugar lo más pronto posible, necesitaba descansar. Rememorar lo sucedido, y examina los puntos en su contra, prepararse para lo que venía. Mañana comenzaban las pruebas de salud que le habían ordenado y eso era lo que más le preocupaba. Quería estar preparada.



*o0oo0o*



Las calles de Shibuya se encontraban todas repletas de vagos y mujeres – que como en otros países – buscaban conseguir dinero de forma “fácil”. Las miró con odio, el simple hecho de que vendieran sus cuerpos de esa manera, le asqueaba.


Dinero, esa sola palabra la detestaba... ¿Cómo era posible que esas mujeres se rebajasen a tanto?. Ni en el distrito Umeda, se veían todas esa cosas, prefería mil veces el ambiente de ricachones estirados que este... ó... ninguno de los dos.


Se abrió paso entre las penumbras, con la vista nublada y sus sentidos al máximo, precavida y audaz. Tres esquinas, un taxi frenó en seco...


- ¿a dónde va señorita? -


- Eso a usted no le importa – su tono áspero y rígido saco a relucir la más sincera sonrisa del hombre, un gesto extraño ante los ojos de ella.


- Señorita, es muy tarde. Permítame llevarla a casa -


- Ya le dije que a usted no le importa, déjeme en paz -


- Señorita Kuchiki – la joven le miró – Rangiku me envió a buscarla -


- ¿Eh?... Ella siempre preocupándose – abrió la puerta del carro - ¿Quién es usted? -


- Shūhei... Shuhei Hisagi, encantado de conocerla -


Lo examinó por unos momentos, tratando de descifrar si mentía o no, más sin embargo, no encontraba nada, él era sincero. Entro en el blanquecino coche, era un taxi lujoso. Los asientos de terciopelo negro, vidrios polarizados y aroma a cerezos. Agradable en todo los sentidos.


El camino a casa, lo paso viendo por la ventana, Había muchas boutiques, luces brillantes y otras apagadas, clubes en plenos funcionamiento y mujeres deambulando con Gaijins u otros hombres de avanzada edad, que a esta hora, salían de sus casa para satisfacer sus necesidades, que ya sus esposas, no lograban hacer.


2 calles más y ya estaban enfrente de un gran edificio, con aproximadamente, 16 pisos; de color crema, grande ventanas y una amplia terraza cubierta por una maleza verdosa y árboles gigantescos con diminutas flores blancas.


Bajo del auto y se despidió del hombre. Caminó hacía la puerta y lentamente, esta se abrió. Todo estaba tenuemente alumbrado por la pálida luz de los candelabros, podía ver perfectamente el sendero hacía al ascensor. Estando ya enfrente de este, presionó el botón rojo e inmediatamente se abrió dejando ver la escultural figura de una mujer ubia, con grandes atributos y ojos azules.


- ¡Kya! – la mujer se abalanzó a la joven. La abrazó con fuerza, estrujando el menudo cuerpo entre sus brazos.


- H-hola... -


- ¡OH! Gomen ne – se alejo de la chica – llegas tarde -


- Lo sé, el distrito Shibuya últimamente ha estado muy llamativo ante mis ojos -


- Debes estar bromeando, no hay nada llamativo en Tokio, debieras hacer el viaje a Okinawa. Podrás disfrutar un poco más -


- Si así fuese, creeme que estaría ahí, pero como sabes, no estoy en condiciones de eso -


- ¿Esperaras a que todo acabe? -


- Eso es lo que planeo, viajar a Kioto un tiempo y poder alejarme de todo -


- Lastima, Mira-san estaría complacida de verte -


- Esa mujer es una arcaica – la miró un momento – vive en los tiempos de antes -


- ¡Jo!... Siempre tan frívola -


- Por favor, solo subamos -


- Esta bien –


Bufó sin reparo. Aquella mujer era muy obstinada, pretendía sermonearle a sabiendas de que fue ella misma la que había dicho que fuese a uno de esos clubes. No duraron mas de dos minutos en el ascensor, ya estaban enfrente de una hermosa puerta de mármol blanco, la abrió, era una sala pequeña con apenas un juego de comedor, una mesita de noche y un sofá color almíbar. La luz se encendió automáticamente; las paredes eran de un color rojizo con una línea blanca en el centro, el suelo cubierto por una alfombra negra británica de James Fulder, importada por las empresas Hoshima.


- Sigue como siempre -


- Claro, ¿Cómo crees que estaría? -


- nada, solo pensé que olería a Sake -


La rubia rió. Era una mujer parrandera, amante de las bebidas fuertes como el sake – su preferido – y un buen martini doble.


Tomaron asiento en el blando mueble, la joven rubia sirvió dos tragos – uno para ella y el otro para su compañera -. Esa menuda mujer enfrente de ella, había sido la única que no la juzgo, que solo la trato por como era y la acepto. Haber sido una prostituta la marco de por vida, más sin embargo, a Rukia jamás le importo. Siempre la trata como una mujer normal, nunca le reprocho, ni le pidió explicaciones. Solo fue una amiga cuando más la necesitaba y así lo ha sido desde siempre.


- Y dime... ¿Cuánto te van a pagar? -


- $30.000.000 yenes -


- ¡OH!... es mucho -


- Si, lo es -


- Y... ¿Qué es lo que desean? -


- Quieren... – dudó – que me embaracé -


- ¿Qué?¿Para quién? -


- Para un doctor – tomó el vaso entre sus delicadas manos y le dio un sorbo a su bebida. Saboreándola en sus labios y sintiendo el sabor amargo que pasaba por su garganta generando una piquiña.


Rangiku se quedo observándola por un momento, antes de volver a preguntar. – Pero.. ¿Qué ganan con eso? –


- Sacar dinero, sabes que lo único que quieren esos cabrones es eso -


- Es cierto, pero ¿El doctor lo sabe? -


- No... su esposa no puede concebir, ella así lo pidió -


- ¿Fue su esposa la que desea que te embaraces? -


- Si -


- ¿Por in Vitro? -


- Posiblemente -


- ¿Posiblemente?¿Cómo? -


- Posiblemente, por que esos hombres solo desean acabar con el medicucho, la esposa solo es un vil pretexto, el perfecto para relacionarse con él. Creo que me utilizan para buscar un punto débil en él, en realidad ni siquiera sé -


- Entonces... ¿Te obligaran acercarte a él? – miró como su amiga había dejado de beber para lanzar un suspiro cargado de cansancio y tristeza. Sus ojos ligeramente enrojecidos y sus marcadas ojeras.


- Si -


- Eso quiere decir que... -


- Tengo que interactuar con él -
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MensajeTema: Re: Une mére portuese   Miér Mayo 13, 2009 1:02 am

Sorry por el doble posts, es que el cap. es muy largo
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- ¿Y su esposa? -


- No me conoce -


- Vaya, si que es algo arriesgado, no sé por que quieres hacer algo así... -


- Sabes que lo único que quiero es salir de aquí – le estiró el vaso vació, indicándole que le sirviera más Sake..


- Si lo sé... ¿Y como se llama? -


- Kurosaki.. Kurosaki Ichigo -


Hizo un gesto de desagrado al tomar la bebida – como acostumbra – Rangiku se había pasado. Pero ahora eso era lo que más necesitaba, después de la crisis emocional que tuvo, era una le urgía era salir de esa ciudad.


- ¿Es apuesto? -


- ¿Eh?... No lo sé, ni siquiera lo conozco, mañana tengo una cita con él -


- ¿Una cita?... Tan pronto, vaya que rápida eres -


- No es lo que piensas, me refiero a una cita médica -


- ¡OH! Ya entendí... ¿Y ahí empieza el plan? -



- Si -


- Esta bien, sigo pensando que no deberías hacer eso -


- Sabes que ya nada me importa – miró las ondas que se hacían en su trago – Haré lo que me convenga – se colocó de pie, sus manos temblaban – otra vez – sus labios parecían sellados y comenzaba a sudar frío. Nuevamente aquellos duros recuerdos la afectaban, entrando nuevamente en aquella crisis neurológica.


- ¿Crees que soy hermosa? – preguntó una joven de ojos violáceos a su acompañante.


- Sabes que eres la mujer más hermosa de este mundo – acarició su mejilla – lo más hermoso que tengo -


- mientes -


- No, te amo ¿Cómo quieres que te diga que eres fea? -


- No lo sé, quien sabe -


La tomó del mentón y la besó delicadamente, degustando del exquisito sabor que poseían esos suaves y rosados labios.


- Eres divina.. – le dijo apenas y se separaron – No tengo por que mentirte -


- Esta bien -


Sus grandes ojos violáceos estaban acuosos, sus piernas flaqueaban mientras su corazón iba a mil, con innumerables latidos que golpeaban en su pecho, causándole dolor.


- ¡Rukia! – gritó Rangiku, la morena se desplomaba en el suelo lentamente, su cuerpo sucumbía ante la crisis nerviosa, retorciéndose de los dolorosos que era recordar – Reacciona, reacciona – decía desesperadamente, de sus ojuelos brotaban lagrimas que llegaban a sus labios, dejando su sabor amargo.


- Fue una simple aventura -


- ¿Estas... d-diciendo que.. -


- Si, nunca te quise Rukia – acarició su cabello sonriéndole – jamás lo hice, pero he de admitir que la pase muy bien contigo -


- ¡Maldito! – se alejó de él – maldito, maldito – su rostro húmedo empapado por las lagrimas que corrían y sus temblorosas piernas, hacían que empezará a caerse – me engañaste -


- Lo siento, pero ya estaba casado antes que tú llegarás – le dio la espalda – Adiós... Fue un gusto conocerte... Kuchiki Rukia - se perdió entre la multitud, mientras la morena rompía en llanto.


- maldito... – se desplomó en el frío pavimento - ¡MALDITO KAIEN! -



Fuero cerca de 5 minutos que Rangiku estuvo llorando para que Rukia reaccionará. Estaba recostada en el suelo, inmóvil, ahora solo parecía dormir placidamente.


- Despierta... – rogó. Rezaba todas las oraciones habidas y por haber. Tratando que esta despertase y poder admirar esos luceros.


- ¿Q-que..? -


Rukia despertó adolorida, sus fanales se cerraban con pesadez y su cabeza le dolía como nunca. Sentía una opresión en su pecho, mientras su respiración se normalizaba. Sintiendo cierto fogaje en su cuerpo, como si se estuviera quemando... olvidando consigo, sus recuerdos.


- ¿Cómo estas?-


- Un poco adolorida, pero bien -


- Me alegró -




*o0oo0o*




Su cuerpo sudoroso y su respiración entrecortada, eran a causa de las atribuciones de su esposo. Cada parte que rozaban las varoniles manos de aquel individuo, parecían fuego que le quemaba, marcándola y haciéndola estremecer.

- Ahh... – gimió. Se aferró a las sabanas alborotadas de aquel lecho que estaba compartiendo con aquel hombre. Su pecho subía alocadamente, mientras buscaba entre la oscuridad los labios de su amante.


El pelinaranja arremetía nuevamente, sintiendo la opresión que ejercían las paredes vaginales en su miembro. Ese estrecho lugar, podía transportarlo a otra dimensión. Sus manos se aferraban con fuerza en las caderas de su esposa. Pronto sus labios se vieron apresados. Se movían desesperadamente y frenéticos, degustando y explorando – como todas las noches – cada recoveco de la boca de su compañera.

- ¿C-como... t-te fue... en el... t-trabajo? – preguntó la mujer una vez y se separaron. Acarició el torso sudoroso del varón, entregándole placenteras caricias y arrancando gemidos de su boca.


- B-bien... n-no hubo... mucho q-que... hacer – respondió. La embistió con más fuerza, sintiendo como la mujer respondía antes sus mimos, profiriendo sonoros quejidos que se escuchaban como su nombre.


- ¡Ichigo! – gritó. Le urgía decir su nombre. Sentía la necesidad de hacerlo, de sentirlo y saborearlo. Probar del sabor de su tez morena, alborotar esos rebeldes cabellos naranjas y arañar su monumental espalda.


El clímax estaba cerca. Quería sentir más placer. Incremento el rito de su caderas, penetrando de lleno a su esposa. Echó su cabeza hacía atrás emitiendo un clamoroso gemido. Sin embargo, no podía sentir más allá del regocijo que su cuerpo experimentaba. Ya no sentía emoción, ni siquiera un poco de amor en aquel acto.


- ¡Oh... Ichigo! – gimió ahogadamente. Pequeños choques eléctricos, la azotaban. Cerró sus ojos con fuerza y arqueo la espalda en señal de éxtasis.


- ¿Y... c-como... t-te... fue a t-ti... Ori... Ahhh... - el fin había llegado. Su cuerpo se estremeció al momento que su liquido seminal era vaciado en la matriz de la joven. Como otras tantas veces, había hecho “el amor” con su esposa.

Salió lentamente de ella y tomo lugar aun lado. Quería finalmente descansar, cumplir con su deberes conyugales era un tanto agotador para él. Quien se mantenía en constante trabajo.


- ¿Mañana estarás... m-muy ocupado? – preguntó entre suspiros al compás de los latidos que se normalizaban poco a poco


- Si -


- Esta bien amor – rodeó la cintura del hombre y se acomodó en su pecho y así poder escuchar los golpecitos que daba su corazón contra él, ese sonido, la llenaba de paz

- Tengo muchas pacientes, creo que llegaré tarde. Así que no me esperes -

- S-si... – su voz entristeció – Ichigo -

- Hasta mañana – besó su frente humedecida de su esposa y abrazándola se rindió ante el sueño.

- “¿Por qué siempre eres así?... Será por el hecho que no he podido darte una familia” – alzó su vista para contemplar el rostro adormilado del hombre, aun durmiendo tenía ese particular ceño fruncido – “Pronto serás padre, te lo aseguró” -


- Mañana tengo una nueva paciente – dijo aun con los ojos cerrados. No podía conciliar el sueño aun – Se llama Kuchiki Rukia... ¿La conoces? -

- No... ¿Qué le sucedió? -

- No lo sé... No hay muchas especificaciones sobre ella, ni siquiera el motivo por el cual va al consultorio -


Oh... Que extraño -


- Si, pero tengo que hacerle el favor a Ishida -


- ¿Ishida?... ¿Él la conoce? -


- Eso parece... me pidió que la examinará -


- Debe ser su novia -


- Él no tiene... es demasiado antisocial -


- ¡Amor! – le respondió – esos no es verdad -


- Si lo es... -


- Esta bien... mañana iré a Tokio -


- ¿Por qué? -


- A comprar unas alfombras y cosas para cocinar -


- ¿C-cocinar? -


- Si, para pasado mañana -


- “pasado mañana no vengo almorzar” – pensó – Oh claro -


- Ya te puedes dormir, amor – le sonrió – dulces sueños -


- Si claro – respondió a la cálida sonrisa que te entrego su esposa – “Lastima que no sea así Orihime... siento que algo me falta y no sé que es” – con ese pensamiento, cayó en los brazos de Morfeo, esperando el nuevo día que llegaba.

*o0oo0o*

Bueno listo.. hasta aquí. Si les gusta sigo sino bueno igual... Se que el principio no será muy agradable para todas pero a ver, toda buena historia no siempre tiene lo bueno al comienzo o ¿si?.. Bueno da igual.

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MensajeTema: Re: Une mére portuese   Dom Jun 07, 2009 8:56 pm

ola me registre hace poco y me encantó tu fic porfa continualo que me dejaste con la intriga Very Happy
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